Después de la firma del tratado de límites con Guatemala y a la política de colonización fomentada por el gobierno porfirista, arribaron seis migraciones a Xoconusco. Tres de ellas fueron la norteamericana, la alemana y la japonesa. En tanto que la migración china fue en respuesta a la contratación de mano de obra barata para los tendidos de rieles de las vías de ferrocarril. La kanaka y la guatemalteca fue por la necesidad de conseguir fuerza de trabajo para los plantíos de café y hule. La mayoría de ellos fueron indígenas originarios de la sierra madre y del volcán Tacaná. También entraron constantemente guatemaltecos con recursos económicos y familiares radicados en Chiapas. Aprovecharon las oportunidades ofrecidas por el gobierno mexicano para adquirir tierras, ampliar sus negocios y asentarse en la zona fronteriza (Tovar, 2000).
La política de colonización de México atrajo a
emigrantes de diversos países que llegaron a Xoconusco en búsqueda de
oportunidades.
Así, a finales del siglo XIX y principios del XX
entraron inmigrantes franceses, italianos, griegos, belgas, suizos, ingleses y
españoles, que en forma dispersa arribaron en diferentes años. Al igual que los
migrantes traídos por las compañías extranjeras, hicieron denuncias de terrenos
baldíos, compraron terrenos e invirtieron en plantaciones. Algunos trabajaron en
oficios y otros ejercieron sus profesiones como las de médico, dentista o
ingeniero. La mayoría se dedicó al cultivo del café o prestó sus servicios en
las fincas de los extranjeros residentes en Xoconusco (Tovar, 2000).
-
Los inmigrantes norteamericanos se involucraron
con los cultivos del café y el hule en la zona de Xoconusco y aseguraron el
mercado norteamericano a través del Puerto San Benito. La búsqueda de
oportunidades se combinó con la necesidad de México, de colonizar zonas con
inmigrantes extranjeros que vinieran a trabajar y a explotar los recursos del
país en forma productiva.
A Xoconusco llegaron dos tipos de
norteamericanos: uno aventurero y otro que tenía nexos con las grandes empresas
establecidas en Estados Unidos que buscaban explotar otros espacios. En pocos
años se compraron fincas de café, de bosques de maderas finas, de ingenios de
azúcar y de negocios agrícolas en Tabasco, Campeche, Veracruz y Chiapas (Tovar,
2000).
·
La migración alemana. Bismarck había comenzado
a interesarse en América Latina. El café, considerado artículo de lujo en
Europa desde el siglo XVIII, representó para las casas comerciales una fuerte
entrada económica. Por lo tanto, los inmigrantes alemanes que se asentaron en
México, en el área de Xoconusco, se dedicaron a la producción del aromático y
aprovecharon las regalías, exenciones de impuestos y las concesiones que
promovió el régimen de Porfirio Díaz. La importancia de los negocios alemanes en
Xoconusco dio lugar a que se nombraran agentes consulares, como Albrecht Langner
en 1883, quien fue el vicecónsul para Tehuantepec y Chiapas, atendían lo
relativo a los residentes y al comercio. En diciembre de 1893 Agustín Rieke lo
sustituyó como cónsul del Imperio alemán en Tapachula por la importancia que
había adquirido.
Las empresas comerciales alemanas se
interesaron en abrir nuevas tierras al cultivo del café. Xoconusco
era la zona más adecuada para cultivarlo. En
1881 ya destacaban algunas fincas cafetaleras germanas como la “Helvetia”,
“Germanía”, “Nueva Alemania”, “Hamburgo”, “Bremen”, “Lubeca”, “Hanover”,
“Baderna”, “Eileben” y otras.
Los finqueros alemanes que se establecieron en
Guatemala, sobre todo en Costa Cuca, extendieron sus fincas cafetaleras en los
departamentos guatemaltecos de San Marcos, Santa Rosa, Suchitepéquez,
Quezaltenango, Alta Verapaz y Retalhuleu. Pero debido que ya no había terrenos
y la prohibición del trabajo forzoso en
Guatemala, dio como consecuencia la fundación de fincas cafetaleras alemanas en
Xoconusco a las faldas del volcán Tacaná, del lado mexicano, hacia 1890.
Tiempo después, los migrantes alemanes llegados
a Xoconusco venían contratados por una casa comercial que ya contaba con fincas
dentro del área y que requerían personal de carácter administrativo con
conocimientos agrícolas que sirvieran como administradores.
Ante la mirada de la población
campesina local y la desconfianza de los ganaderos criollos que temen por su
hegemonía; comienza a desfilar una legión de personajes de rasgo nórdicos.
Llegan Adolph Giessemann y sus colaboradores de "El Retiro": Schmidt,
Ricke, Hoddich y Koert; llegan los masivos y barbados hermanos Hagneur a la
remontada finca de "Argovia"; y detrás de ellos una fila
interminable: Kahle, Pohlenz, Nixh, Schroeder, Reinshagen... quienes buscan las
orillas de los ríos para comenzar a fincar "Germania", "Villa
Nueva", "La Esperanza". "Las Maravillas", "San
Cristóbal"... Pronto la región se llena de Luttmann, Edelmann, Buff,
Ochting, Struckien, Triklein, Widmayer... una inundación germánica que no solo viene
del otro lado del Atlántico, sino también de Guatemala donde habían establecido
su anterior enclave neocolonial, e incluso de Mazatlán, donde la colonia
alemana desarrollaba una intensa actividad económica (Bartra, 1995).
La mayoría de estos nuevos colonos
son originarios de Hamburgo, Bremen o Lübeck y todos son hombres de
corporación: empleados o exempleados de las grandes casas
importadoras-exportadoras metropolitanas, que se han lanzado a la conquista de
los países tropicales a nombre de sus compañías, por cuenta propia o las dos
cosas a la vez.
Muchos de estos plantadores habían
hecho su primera escala en Guatemala, a donde llegaron a fines de los sesenta y
principios de los setenta. En ese país, tampoco fueron los primeros, pues la
expansión cafetalera de la Costa Cuca, Alta Verapaz y San Marcos, se había
iniciado veinte años antes con sistemas procedentes de Costa Rica e impulsada
por franceses, belgas y guatemaltecos. Pero los alemanes introducen nuevos
métodos de cultivo, además de fertilizantes, insecticidas y maquinaria; y son
portadores de abundantes recursos monetarios, como los grandes capitales de los
comerciantes y banqueros hamburgueses Konigsberg, Notebohon y Schroeder. Por
esta vía pronto los alemanes dominan la comercialización, el procesamiento y
gran parte de la producción. Hasta que, a fines de los ochenta, las buenas
tierras cafetaleras de Guatemala se agotan y los alemanes se ven obligados a
expandirse sobre Xoconusco, incursionando en tierras mexicanas, pero sin
abandonar sus viejas propiedades guatemaltecas (Spenser, 1998).
Se puede concluir que la inmigración alemana en
Xoconusco fue una de las más importantes y significativas por el impulso que
dio a la economía de la zona; sin embargo, no cumplió con las expectativas de
propiciar un nuevo mestizaje como lo anhelaban los dirigentes porfirianos
(Tovar, 2000).
- Otra inmigración importante a Xoconusco fue la japonesa. Japón mostró interés en la nación mexicana con los informes de Enomoto Takeaki, representante de la Sociedad de Colonización en 1893. El ministro Enomoto ordenó la realización de una investigación sobre las condiciones geográficas y económicas de México al consejero de la Legación japonesa en
Washington. Los resultados de ésta se dieron a
conocer en el “Breve Informe de la Situación en México” publicado en el Boletín
de la Sociedad de Geografía de Tokio. En él se presentaron las condiciones
económicas de México en la minería, en la agricultura y en el comercio
exterior.‘* La información resaltó las ventajas de fundar colonias japonesas
por medio de la compra de extensos terrenos baldíos que el gobierno mexicano
ofrecía para efecto de colonización.
En 1893 se proyectó establecer una colonia japonesa en Xoconusco, llamada Colonia Enomoto. Tres años después, en 1896, viajó a México el cónsul general del Japón en México, Murota Yoshibumi, representante de Enomoto Takeaki, para la compra de 64,000 hectáreas de la zona de Escuintla. El informe de Murota refirió: La extensión del terreno vendido al Conde Enomoto llega a 63,920 hectáreas y un poco más hacia el norte colinda con el departamento de Comitán y por el oeste con el de Tonalá; en el rumbo de este con el terreno oficial no deslindado y el rancho Zapote; y en el sur con las cuatro estaciones del camino que comunica a Tapachula y Tonalá, es decir, Pueblo Nuevo, San Felipe, Escuintla y Acacoyahua, y también con los ranchos Arenal, Hulapa y Cesacapa, y un pequeño terreno oficial no deslindado. La firma del contrato se llevó a cabo en enero de 1897. En tres años se establecieron quince familias, y aumentaron hasta 32, es decir, una familia por cada 2,000 hectáreas, en un plazo de ocho años. Para junio de ese mismo año, la promoción sobre Xoconusco fue atractiva para Torazi Kusakado, acompañado de 35 japoneses destinados a colonizar los terrenos que el gobierno general cedió con tal fin en Escuintla, al Vizconde Enomoto.
Los primeros colonizadores japoneses fueron: Quiyono Saburo, Ota Renji, Takahashi Kumataro, Muramatsu Ishimatsu, Arima Rokutaro, Banyanagui Enzo, Kusakado Toraji, Mitsui Hisakichi, Matsumoto Eikichi, Nakamura Hidehira, Nozawa Tamesaburo, Ota Yasaku, Sugiura Jomatsu, Sugiura Nisaku, Susuki Heitaro, Susuki Keiji, Susuki Masa, Watanabe Hachihei, Yamada Shintaro, Yamaguchi Kinsuke, Yamamoto Asajiro, Yamamoto Sankichi, Yamaguchi Tokutaro, Yonetsu Heijiro, Sugawara Kotoku, Terui Ryojiro, Hashimoto Kakuji, Higashi Yoichi, Kobayashi Unosuke, Kaneyama Razo, Obata Kikumatsu, Sakamoto Wataro, Shimizu Yoshitaro y Yamashita Eikichi; cuyas edades oscilban entre 18 y 34 años y eran originarios de Aichi, Hyogo, Iwate y Miyagui.
- La migración china a México. Esta no se enmarcó en el discurso de la necesidad de colonización, como fue el caso de las otras corrientes migratorias, ya que surgió a raíz del interés de conseguir mano de obra barata para los propietarios de minas y haciendas en el siglo pasado. Para referirse a la inmigración china en México, hay que pensar en personas contratadas como jornaleros o trabajadores, y no colonizadores; por tanto, éstos no fueron sujetos que gozaran de las concesiones gubernamentales.
Los chinos que llegaron en los años ochenta y
noventa del siglo XIX, no eran el tipo de inmigrantes que los ideólogos de la
colonización esperaban.
A pesar de todos los rechazos y problemas que
tuvieron los chinos en México, éstos se movilizaron rápidamente. Favorecidos por
la política de Porfirio Díaz en pro del desarrollo económico, pronto mostraron
sus habilidades comerciales.
En Xoconusco, en 1900, vivían dieciséis chinos
y su número aumentó a 450 personas en 1910. En las fincas cafetaleras estuvieron
poco, puesto que se dedicaron al comercio. Arai Kinta menciona que en Xoconusco
se contaban tres compañías manejadas por chinos. Las casas comerciales
principales fueron aquellas donde había estaciones ferroviarias como Tapachula,
Huixtla, Huehuetán y Escuintla. Motozintla en la Sierra fue un caso especial,
ya que se hizo importante por su nivel de comercio en la ruta que unía las
ciudades de Comitán y Tapachula.
El grupo oriental integrado por los chinos
llegó a ser numeroso en Xoconusco: algunos de ellos trabajaron de cocineros en
las fincas y pusieron restaurantes, otros se capitalizaron por medio del
comercio de abarrotes que llegaron a dominar, ya que ellos no tuvieron
facilidades gubernamentales para hacer denuncias de tierras, ni garantías para
el cultivo del café, por lo que una vez terminados sus contratos para tender
vías férreas, empezaron a trabajar comprando y vendiendo en abonos a las
poblaciones de Xoconusco, toda clase de utensilios necesarios para las faenas
del campo, así como productos alimentarios.
Uno de los comercios que sobresalió por su capitalización
fue: Kwong Chong y Cía., así como Tay Chong y Tock Lee; estas casas importaron
toda clase de sedas, camisas, artículos de porcelana, abarrotes de China,
Estados Unidos y Europa, y surtieron a las tiendas pequeñas en Xoconusco y
Tonalá.
Los mayoristas chinos de Huixtla y Arriaga
enviaban a sus agentes viajeros a levantar pedidos en toda la costa y así
controlaron el comercio en detalle de los pueblos secundarios de la región.
Hasta el año de 1907 aparecieron como propietarios de fincas rústicas Woo Tay
Hong con su finca “La Mora” y en 1908, Lee Louch, como dueño de “El Aguajal” en
Tapachula.
Ante la movilización económica que produjo el
cultivo de café en Xoconusco, los chinos abrieron tiendas donde se podían
conseguir implementos necesarios para el trabajo de las fincas, como
herramientas y artículos demandados para la vida cotidiana: velas, lazos,
telas, jabones, ropa, peines y ungüentos. A tal grado llegó a ser importante su
actividad, que dominaron el comercio en las principales ciudades de Xoconusco
(Tovar, 2000).
- Los guatemaltecos se asentaron en la región de Xoconusco y se considera el mayor grupo migratorio en las plantaciones. No hay que olvidar que Xoconusco, antiguo territorio guatemalteco, siguió conservando muchos rasgos de aquel país, incluso el dinero llamado cachuco circuló en Chiapas hasta la primera década del siglo XX.
La migración guatemalteca se puede dividir en
dos clases sociales: una, de migrantes blancos y mestizos con posibilidades económicas
que ampliaron su patrimonio con redes comerciales con la compra de terrenos y
fincas del lado mexicano. En 1828, se les autorizó la colonización de terrenos
nacionales; sin embargo, se prohibió en 1863 la adquisición de baldíos y el
asentamiento de ellos en la línea limítrofe, para que no sucediera lo mismo que
con Texas.
El segundo grupo de guatemaltecos lo formaron
los indígenas trabajadores de las fincas cafetaleras. La demanda del café
integró a Xoconusco al mercado capitalista mundial. Los finqueros que se
dedicaban al café tuvieron siempre el problema de la mano de obra, por lo que
la obtuvieron al otro lado de la línea fronteriza, en Guatemala (Tovar, 2000).
- El problema de la mano de obra para las plantaciones dio lugar a la búsqueda de ella en otras regiones, por lo que la migración de quinientos Kanakas a Xoconusco se llevó a cabo en 1890. Estos nativos procedentes de Nueva Caledonia en Oceanía, de donde habían sido desterrados por haberse rebelado en contra del colonialismo francés después de haber convivido con exiliados franceses anarquistas.
La compañía naviera alemana Kosmos los trasladó
al puerto San Benito. Desgraciadamente, la mayoría de los Kanakas murieron
víctimas de la viruela al momento de su llegada. La contratación de estos
polinesios fue respuesta al avance de las haciendas y fincas cafetaleras tanto
de nacionales como de alemanes y a los cultivos, que requerían abundantes
brazos para recoger la cosecha. La mano de obra étnica era disputada por los
plantadores, y al paso del tiempo fue más difícil contratarla, por lo que
traerla de otras latitudes fue una alternativa (Tovar, 2000).
- Los proyectos de inmigración a Xoconusco continuo en 1910 con grupos de españoles. Sánchez Mármol y Mantilla planeaban colonizar 100,000 hectáreas que poseían en tierras chiapanecas con 10,000 gallegos y andaluces, dando a cada familia diez hectáreas gratuitas. Las condiciones políticas ya no favorecieron la realización de este proyecto. Sin embargo, a Xoconusco llegaron españoles procedentes de Guatemala que eran finqueros radicados en ese país. Éstos tenían fincas cafetaleras muy productivas y estancias ganaderas, sin embargo, aprovecharon la apertura de México para extender sus posesiones, como José Revuelto, Ibargüen y Antón que llegaron a poseer más de ocho mil cabezas de ganado y se dedicaron al negocio bancario.
- Algunos franceses se capitalizaron en la zona, como Bernardo Parlange, quien poseía fincas de café en Guatemala. Se dedicó mayormente a los negocios bancarios en Tapachula. Mauricio Maurer y Juan Monribot tuvieron fincas y Pedro Monguet se asoció con capital alemán.
- Bruno García Mijares, asturiano de nacimiento, fue un personaje que aportó mucho al desarrollo de Xoconusco con su visión de prosperidad y modernidad, gracias a su emprendedurismo e innovación llevó a Tapachula la energía eléctrica, el teléfono, la primera fábrica de hielo; así como su participación en negocios como el café, el comercio naviero, telégrafo, entre otros.
A finales del siglo XIX Tapachula no conocía la modernidad,
después de la puesta del sol se encendían en las casas las velas, antorchas,
quinques de petróleo para iluminar la vida de aquella época; por lo que a
principios del siglo XX Bruno decidió emprender el gran proyecto de energía
eléctrica y alumbrado público, adelantándose muchos años a los proyectos
gubernamentales de aquella época.
Para poder llevar a cabo este magno proyecto, quitó los
generadores eléctricos de un barco de su propiedad denominado “Sosestres”, y
con la ayuda de la grúa de carga y muchos cargadores, así como una carreta los
transportó de San Benito a Tapachula; llevándolos exactamente hasta el monte
“Olimpo” al norte de Tapachula junto al río Coatán.
Con la asesoría del Ing. Tomasini en 1903 inicio la magna
obra, construyendo inicialmente una represa, “El Olimpo” para lograr una caída
de agua para poder mover los generadores, llegando a construir un afluente del
río Coatán que hoy se conoce como el río Coatancito, convirtiéndose como un
atractivo de entretenimiento natural.
El equipo llevó a cabo un sistema a base de rueda de
paletas Pelton (como la que usan barcos fluviales), que era capaz de cambiar
sus ángulos de inclinación para hacer girar el generador.
Se instalaron en una primera etapa un generador y
posteriormente otro generador, después el cableado aéreo, la soportería de
postes y aisladores. La obra duró tres años en las que hubo muchas dificultades
y problemas, como una crecida del río Coatán que estuvo a punto de terminar con
el proyecto.
Fue en 1906 que García Mijares subió la cuchilla, hizo la
conexión y la energía eléctrica llegó, primero a lo que hoy conocemos como el
centro de Tapachula, y posteriormente se ampliaría a las poblaciones vecinas.
La empresa Eléctrica de Xoconusco, S.A. de C.V. prestó su
servicio a toda la región durante casi cincuenta años hasta que fue vendida e
incorporada a la actual Comisión Federal de Electricidad.
Después de este gran logro, Bruno García Mijares, que en
aquel entonces vivía en la 2ª Norte Núm. 2, casi esquina con la Central
Poniente, llevó a cabo la instalación de la Compañía Telefónica de Xoconusco,
S.A. que daba servicio únicamente a Tapachula, con una central telefónica que
se ubicaba a un lado de su casa en la 2ª Norte.
Asimismo, instaló el primer molino de Nixtamal movido con
un motor eléctrico, también la primer gran fábrica de hielo, el cual protegía
con el cascabillo que producía en su beneficio de café, todos ubicados en la 1ª
Poniente No. 10, y de esa manera lo transportaba encostalado sin que se
derritiera a los pueblos vecinos.
Por el año de 1906, la
concesión de San Benito como Puerto, la tomó Don Bruno García Mijares, quien hizo
un cambio: siendo mar abierto no había muelle, por consiguiente, pasaje y carga
se manejaba a base de andariveles; uno sobre la playa y otro sobre una gigante
boya que flotaba pasando la reventazón y señalaba hasta donde debía el barco
detenerse para no encallar. “Con poleas sobre los andariveles se cargaba
mercancía y pasaje al barco y también se descargaba igual. Don Bruno innovó
colocando lanchones, dando más comodidad sobre todo al pasaje” (Elorza, 1984;
García, 1963).
- Libaneses también llegaron a Xoconusco en la segunda década del siglo XX, con una gran visión de comerciantes, un ejemplo fue Farid Athié Athié quién fundo el almacén “La Gran Vía”, donde vendía telas, cortes, vestidos y trajes traídos del viejo continente, la última moda europea, posteriormente trajo a sus hermanos José y Edward, así como su primo Benito quienes trabajaron con él. Tiempo después su hermano José fundó “La Casa Blanca” y su primo Benito “El nuevo Líbano” (Athié José, entrevista personal, 2021).
- También llegaron judíos a principios del siglo XX, como el turco Yakoob Elnecavé Bejar, quien nació en Estambul, fundó “La Lagunilla” que fue un próspero negocio de telas, además de administrar un rancho y tener un negocio muy productivo de leche y sus derivados (Elnecavé Max, entrevista personal, 2021).
- Asimismo,
llegaron mexicanos a Xoconusco, afirma Lewis (2010, 454-457), como los hermanos
Enrique y Fernando Braun, hijos de ciudadanos norteamericanos de origen alemán,
nacieron en Sonora durante el temprano Porfiriato. Cuando llegaron a Tapachula,
unos veinte años después, comerciaban con pan, luego pieles y finalmente, café.
Enrique se vinculó por casamiento con una familia terrateniente, mientras que
Fernando alcanzó el cargo de jefe político. Como porfirista y luego como
huertista, el segundo ganó notoriedad tras su salvaje exterminio de
simpatizantes maderistas en Xoconusco. Utilizando una hábil combinación de
capital financiero y poder político, ambos hermanos acumularon gran cantidad de
propiedades durante el Porfiriato tardío y los años revolucionarios.
En los años treinta, Enrique Braun era el
finquero más poderoso de Chiapas. Sus tierras cubrían la mayor parte de los
municipios de Unión Juárez y Cacahoatán en Xoconusco, y sostenía a siete
maestros y a cinco
escuelas en cinco de sus fincas, donde llegó a
contar con más de mil trabajadores. En los años treinta, Lázaro Cárdenas ordenó
la repartición de las tierras de los Braun a los nuevos ejidatarios, iniciando
la reforma agraria en el sur del país (Lewis, 2010).
Resumiendo, la política de colonización e
inmigración extranjera en el siglo XIX se veía como el remedio contra los
innumerables problemas del país y como la única esperanza de mantener en el futuro
la integridad del territorio nacional. Por tanto, para la última década del
siglo XIX, se hicieron esfuerzos reales y específicos para sentar colonos en Xoconusco.
La llegada de extranjeros, el interés de las compañías deslindadoras de terrenos,
las facilidades de venta y la compra de la tierra, dieron un nuevo impulso a
esta región sureña del país y permitieron la implantación de un modelo
económico, resultado del sueño liberal, que surtió efecto y dio paso a un polo
de desarrollo en Xoconusco que hasta la fecha continúa vigente (Tovar, 2000).
Dice Antonio García de León (1985) que, a
principios del siglo XX, a la hora del café en el Parque Central, se hablaban
14 idiomas; así de Cosmopolita era Tapachula, tierra de migrantes muy productivos,
emprendedores e innovadores.