miércoles, 22 de febrero de 2023

MIGRANTES EN XOCONUSCO

 

Después de la firma del tratado de límites con Guatemala y a la política de colonización fomentada por el gobierno porfirista, arribaron seis migraciones a Xoconusco. Tres de ellas fueron la norteamericana, la alemana y la japonesa. En tanto que la migración china fue en respuesta a la contratación de mano de obra barata para los tendidos de rieles de las vías de ferrocarril. La kanaka y la guatemalteca fue por la necesidad de conseguir fuerza de trabajo para los plantíos de café y hule. La mayoría de ellos fueron indígenas originarios de la sierra madre y del volcán Tacaná. También entraron constantemente guatemaltecos con recursos económicos y familiares radicados en Chiapas. Aprovecharon las oportunidades ofrecidas por el gobierno mexicano para adquirir tierras, ampliar sus negocios y asentarse en la zona fronteriza (Tovar, 2000).

La política de colonización de México atrajo a emigrantes de diversos países que llegaron a Xoconusco en búsqueda de oportunidades.

Así, a finales del siglo XIX y principios del XX entraron inmigrantes franceses, italianos, griegos, belgas, suizos, ingleses y españoles, que en forma dispersa arribaron en diferentes años. Al igual que los migrantes traídos por las compañías extranjeras, hicieron denuncias de terrenos baldíos, compraron terrenos e invirtieron en plantaciones. Algunos trabajaron en oficios y otros ejercieron sus profesiones como las de médico, dentista o ingeniero. La mayoría se dedicó al cultivo del café o prestó sus servicios en las fincas de los extranjeros residentes en Xoconusco (Tovar, 2000).

-     Los inmigrantes norteamericanos se involucraron con los cultivos del café y el hule en la zona de Xoconusco y aseguraron el mercado norteamericano a través del Puerto San Benito. La búsqueda de oportunidades se combinó con la necesidad de México, de colonizar zonas con inmigrantes extranjeros que vinieran a trabajar y a explotar los recursos del país en forma productiva.

A Xoconusco llegaron dos tipos de norteamericanos: uno aventurero y otro que tenía nexos con las grandes empresas establecidas en Estados Unidos que buscaban explotar otros espacios. En pocos años se compraron fincas de café, de bosques de maderas finas, de ingenios de azúcar y de negocios agrícolas en Tabasco, Campeche, Veracruz y Chiapas (Tovar, 2000).

·       La migración alemana. Bismarck había comenzado a interesarse en América Latina. El café, considerado artículo de lujo en Europa desde el siglo XVIII, representó para las casas comerciales una fuerte entrada económica. Por lo tanto, los inmigrantes alemanes que se asentaron en México, en el área de Xoconusco, se dedicaron a la producción del aromático y aprovecharon las regalías, exenciones de impuestos y las concesiones que promovió el régimen de Porfirio Díaz. La importancia de los negocios alemanes en Xoconusco dio lugar a que se nombraran agentes consulares, como Albrecht Langner en 1883, quien fue el vicecónsul para Tehuantepec y Chiapas, atendían lo relativo a los residentes y al comercio. En diciembre de 1893 Agustín Rieke lo sustituyó como cónsul del Imperio alemán en Tapachula por la importancia que había adquirido.

Las empresas comerciales alemanas se interesaron en abrir nuevas tierras al cultivo del café. Xoconusco

era la zona más adecuada para cultivarlo. En 1881 ya destacaban algunas fincas cafetaleras germanas como la “Helvetia”, “Germanía”, “Nueva Alemania”, “Hamburgo”, “Bremen”, “Lubeca”, “Hanover”, “Baderna”, “Eileben” y otras.

Los finqueros alemanes que se establecieron en Guatemala, sobre todo en Costa Cuca, extendieron sus fincas cafetaleras en los departamentos guatemaltecos de San Marcos, Santa Rosa, Suchitepéquez, Quezaltenango, Alta Verapaz y Retalhuleu. Pero debido que ya no había terrenos

y la prohibición del trabajo forzoso en Guatemala, dio como consecuencia la fundación de fincas cafetaleras alemanas en Xoconusco a las faldas del volcán Tacaná, del lado mexicano, hacia 1890.

Tiempo después, los migrantes alemanes llegados a Xoconusco venían contratados por una casa comercial que ya contaba con fincas dentro del área y que requerían personal de carácter administrativo con conocimientos agrícolas que sirvieran como administradores.

Ante la mirada de la población campesina local y la desconfianza de los ganaderos criollos que temen por su hegemonía; comienza a desfilar una legión de personajes de rasgo nórdicos. Llegan Adolph Giessemann y sus colaboradores de "El Retiro": Schmidt, Ricke, Hoddich y Koert; llegan los masivos y barbados hermanos Hagneur a la remontada finca de "Argovia"; y detrás de ellos una fila interminable: Kahle, Pohlenz, Nixh, Schroeder, Reinshagen... quienes buscan las orillas de los ríos para comenzar a fincar "Germania", "Villa Nueva", "La Esperanza". "Las Maravillas", "San Cristóbal"... Pronto la región se llena de Luttmann, Edelmann, Buff, Ochting, Struckien, Triklein, Widmayer... una inundación germánica que no solo viene del otro lado del Atlántico, sino también de Guatemala donde habían establecido su anterior enclave neocolonial, e incluso de Mazatlán, donde la colonia alemana desarrollaba una intensa actividad económica (Bartra, 1995).

La mayoría de estos nuevos colonos son originarios de Hamburgo, Bremen o Lübeck y todos son hombres de corporación: empleados o exempleados de las grandes casas importadoras-exportadoras metropolitanas, que se han lanzado a la conquista de los países tropicales a nombre de sus compañías, por cuenta propia o las dos cosas a la vez.

Muchos de estos plantadores habían hecho su primera escala en Guatemala, a donde llegaron a fines de los sesenta y principios de los setenta. En ese país, tampoco fueron los primeros, pues la expansión cafetalera de la Costa Cuca, Alta Verapaz y San Marcos, se había iniciado veinte años antes con sistemas procedentes de Costa Rica e impulsada por franceses, belgas y guatemaltecos. Pero los alemanes introducen nuevos métodos de cultivo, además de fertilizantes, insecticidas y maquinaria; y son portadores de abundantes recursos monetarios, como los grandes capitales de los comerciantes y banqueros hamburgueses Konigsberg, Notebohon y Schroeder. Por esta vía pronto los alemanes dominan la comercialización, el procesamiento y gran parte de la producción. Hasta que, a fines de los ochenta, las buenas tierras cafetaleras de Guatemala se agotan y los alemanes se ven obligados a expandirse sobre Xoconusco, incursionando en tierras mexicanas, pero sin abandonar sus viejas propiedades guatemaltecas (Spenser, 1998).

Se puede concluir que la inmigración alemana en Xoconusco fue una de las más importantes y significativas por el impulso que dio a la economía de la zona; sin embargo, no cumplió con las expectativas de propiciar un nuevo mestizaje como lo anhelaban los dirigentes porfirianos (Tovar, 2000).

-     Otra inmigración importante a Xoconusco fue la japonesa. Japón mostró interés en la nación mexicana con los informes de Enomoto Takeaki, representante de la Sociedad de Colonización en 1893. El ministro Enomoto ordenó la realización de una investigación sobre las condiciones geográficas y económicas de México al consejero de la Legación japonesa en

Washington. Los resultados de ésta se dieron a conocer en el “Breve Informe de la Situación en México” publicado en el Boletín de la Sociedad de Geografía de Tokio. En él se presentaron las condiciones económicas de México en la minería, en la agricultura y en el comercio exterior.‘* La información resaltó las ventajas de fundar colonias japonesas por medio de la compra de extensos terrenos baldíos que el gobierno mexicano ofrecía para efecto de colonización.

En 1893 se proyectó establecer una colonia japonesa en Xoconusco, llamada Colonia Enomoto. Tres años después, en 1896, viajó a México el cónsul general del Japón en México, Murota Yoshibumi, representante de Enomoto Takeaki, para la compra de 64,000 hectáreas de la zona de Escuintla. El informe de Murota refirió: La extensión del terreno vendido al Conde Enomoto llega a 63,920 hectáreas y un poco más hacia el norte colinda con el departamento de Comitán y por el oeste con el de Tonalá; en el rumbo de este con el terreno oficial no deslindado y el rancho Zapote; y en el sur con las cuatro estaciones del camino que comunica a Tapachula y Tonalá, es decir, Pueblo Nuevo, San Felipe, Escuintla y Acacoyahua, y también con los ranchos Arenal, Hulapa y Cesacapa, y un pequeño terreno oficial no deslindado. La firma del contrato se llevó a cabo en enero de 1897. En tres años se establecieron quince familias, y aumentaron hasta 32, es decir, una familia por cada 2,000 hectáreas, en un plazo de ocho años. Para junio de ese mismo año, la promoción sobre Xoconusco fue atractiva para Torazi Kusakado, acompañado de 35 japoneses destinados a colonizar los terrenos que el gobierno general cedió con tal fin en Escuintla, al Vizconde Enomoto.

Los primeros colonizadores japoneses fueron: Quiyono Saburo, Ota Renji, Takahashi Kumataro, Muramatsu Ishimatsu, Arima Rokutaro, Banyanagui Enzo, Kusakado Toraji, Mitsui Hisakichi, Matsumoto Eikichi, Nakamura Hidehira, Nozawa Tamesaburo, Ota Yasaku, Sugiura Jomatsu, Sugiura Nisaku, Susuki Heitaro, Susuki Keiji, Susuki Masa, Watanabe Hachihei, Yamada Shintaro, Yamaguchi Kinsuke, Yamamoto Asajiro, Yamamoto Sankichi, Yamaguchi Tokutaro, Yonetsu Heijiro, Sugawara Kotoku, Terui Ryojiro, Hashimoto Kakuji, Higashi Yoichi, Kobayashi Unosuke, Kaneyama Razo, Obata Kikumatsu, Sakamoto Wataro, Shimizu Yoshitaro y Yamashita Eikichi; cuyas edades oscilban entre 18 y 34 años y eran originarios de Aichi, Hyogo, Iwate y Miyagui.

 A pesar de la caída de Porfirio Díaz y con él de la política de inmigración extranjera, los japoneses continuaron teniendo condiciones favorables en Xoconusco. Los apellidos Murota, Yamasaki, Kamura y Kobayashi tienen comercios hasta la actualidad (Tovar, 2000).

-     La migración china a México. Esta no se enmarcó en el discurso de la necesidad de colonización, como fue el caso de las otras corrientes migratorias, ya que surgió a raíz del interés de conseguir mano de obra barata para los propietarios de minas y haciendas en el siglo pasado. Para referirse a la inmigración china en México, hay que pensar en personas contratadas como jornaleros o trabajadores, y no colonizadores; por tanto, éstos no fueron sujetos que gozaran de las concesiones gubernamentales.

Los chinos que llegaron en los años ochenta y noventa del siglo XIX, no eran el tipo de inmigrantes que los ideólogos de la colonización esperaban.

A pesar de todos los rechazos y problemas que tuvieron los chinos en México, éstos se movilizaron rápidamente. Favorecidos por la política de Porfirio Díaz en pro del desarrollo económico, pronto mostraron sus habilidades comerciales.

En Xoconusco, en 1900, vivían dieciséis chinos y su número aumentó a 450 personas en 1910. En las fincas cafetaleras estuvieron poco, puesto que se dedicaron al comercio. Arai Kinta menciona que en Xoconusco se contaban tres compañías manejadas por chinos. Las casas comerciales principales fueron aquellas donde había estaciones ferroviarias como Tapachula, Huixtla, Huehuetán y Escuintla. Motozintla en la Sierra fue un caso especial, ya que se hizo importante por su nivel de comercio en la ruta que unía las ciudades de Comitán y Tapachula.

El grupo oriental integrado por los chinos llegó a ser numeroso en Xoconusco: algunos de ellos trabajaron de cocineros en las fincas y pusieron restaurantes, otros se capitalizaron por medio del comercio de abarrotes que llegaron a dominar, ya que ellos no tuvieron facilidades gubernamentales para hacer denuncias de tierras, ni garantías para el cultivo del café, por lo que una vez terminados sus contratos para tender vías férreas, empezaron a trabajar comprando y vendiendo en abonos a las poblaciones de Xoconusco, toda clase de utensilios necesarios para las faenas del campo, así como productos alimentarios.

Uno de los comercios que sobresalió por su capitalización fue: Kwong Chong y Cía., así como Tay Chong y Tock Lee; estas casas importaron toda clase de sedas, camisas, artículos de porcelana, abarrotes de China, Estados Unidos y Europa, y surtieron a las tiendas pequeñas en Xoconusco y Tonalá.

Los mayoristas chinos de Huixtla y Arriaga enviaban a sus agentes viajeros a levantar pedidos en toda la costa y así controlaron el comercio en detalle de los pueblos secundarios de la región. Hasta el año de 1907 aparecieron como propietarios de fincas rústicas Woo Tay Hong con su finca “La Mora” y en 1908, Lee Louch, como dueño de “El Aguajal” en Tapachula.

Ante la movilización económica que produjo el cultivo de café en Xoconusco, los chinos abrieron tiendas donde se podían conseguir implementos necesarios para el trabajo de las fincas, como herramientas y artículos demandados para la vida cotidiana: velas, lazos, telas, jabones, ropa, peines y ungüentos. A tal grado llegó a ser importante su actividad, que dominaron el comercio en las principales ciudades de Xoconusco (Tovar, 2000).

-     Los guatemaltecos se asentaron en la región de Xoconusco y se considera el mayor grupo migratorio en las plantaciones. No hay que olvidar que Xoconusco, antiguo territorio guatemalteco, siguió conservando muchos rasgos de aquel país, incluso el dinero llamado cachuco circuló en Chiapas hasta la primera década del siglo XX.

La migración guatemalteca se puede dividir en dos clases sociales: una, de migrantes blancos y mestizos con posibilidades económicas que ampliaron su patrimonio con redes comerciales con la compra de terrenos y fincas del lado mexicano. En 1828, se les autorizó la colonización de terrenos nacionales; sin embargo, se prohibió en 1863 la adquisición de baldíos y el asentamiento de ellos en la línea limítrofe, para que no sucediera lo mismo que con Texas.

El segundo grupo de guatemaltecos lo formaron los indígenas trabajadores de las fincas cafetaleras. La demanda del café integró a Xoconusco al mercado capitalista mundial. Los finqueros que se dedicaban al café tuvieron siempre el problema de la mano de obra, por lo que la obtuvieron al otro lado de la línea fronteriza, en Guatemala (Tovar, 2000).

-     El problema de la mano de obra para las plantaciones dio lugar a la búsqueda de ella en otras regiones, por lo que la migración de quinientos Kanakas a Xoconusco se llevó a cabo en 1890. Estos nativos procedentes de Nueva Caledonia en Oceanía, de donde habían sido desterrados por haberse rebelado en contra del colonialismo francés después de haber convivido con exiliados franceses anarquistas.

La compañía naviera alemana Kosmos los trasladó al puerto San Benito. Desgraciadamente, la mayoría de los Kanakas murieron víctimas de la viruela al momento de su llegada. La contratación de estos polinesios fue respuesta al avance de las haciendas y fincas cafetaleras tanto de nacionales como de alemanes y a los cultivos, que requerían abundantes brazos para recoger la cosecha. La mano de obra étnica era disputada por los plantadores, y al paso del tiempo fue más difícil contratarla, por lo que traerla de otras latitudes fue una alternativa (Tovar, 2000).

-     Los proyectos de inmigración a Xoconusco continuo en 1910 con grupos de españoles. Sánchez Mármol y Mantilla planeaban colonizar 100,000 hectáreas que poseían en tierras chiapanecas con 10,000 gallegos y andaluces, dando a cada familia diez hectáreas gratuitas. Las condiciones políticas ya no favorecieron la realización de este proyecto. Sin embargo, a Xoconusco llegaron españoles procedentes de Guatemala que eran finqueros radicados en ese país. Éstos tenían fincas cafetaleras muy productivas y estancias ganaderas, sin embargo, aprovecharon la apertura de México para extender sus posesiones, como José Revuelto, Ibargüen y Antón que llegaron a poseer más de ocho mil cabezas de ganado y se dedicaron al negocio bancario.

-     Algunos franceses se capitalizaron en la zona, como Bernardo Parlange, quien poseía fincas de café en Guatemala. Se dedicó mayormente a los negocios bancarios en Tapachula. Mauricio Maurer y Juan Monribot tuvieron fincas y Pedro Monguet se asoció con capital alemán.

-     Bruno García Mijares, asturiano de nacimiento, fue un personaje que aportó mucho al desarrollo de Xoconusco con su visión de prosperidad y modernidad, gracias a su emprendedurismo e innovación llevó a Tapachula la energía eléctrica, el teléfono, la primera fábrica de hielo; así como su participación en negocios como el café, el comercio naviero, telégrafo, entre otros.

A finales del siglo XIX Tapachula no conocía la modernidad, después de la puesta del sol se encendían en las casas las velas, antorchas, quinques de petróleo para iluminar la vida de aquella época; por lo que a principios del siglo XX Bruno decidió emprender el gran proyecto de energía eléctrica y alumbrado público, adelantándose muchos años a los proyectos gubernamentales de aquella época.

Para poder llevar a cabo este magno proyecto, quitó los generadores eléctricos de un barco de su propiedad denominado “Sosestres”, y con la ayuda de la grúa de carga y muchos cargadores, así como una carreta los transportó de San Benito a Tapachula; llevándolos exactamente hasta el monte “Olimpo” al norte de Tapachula junto al río Coatán. 

Con la asesoría del Ing. Tomasini en 1903 inicio la magna obra, construyendo inicialmente una represa, “El Olimpo” para lograr una caída de agua para poder mover los generadores, llegando a construir un afluente del río Coatán que hoy se conoce como el río Coatancito, convirtiéndose como un atractivo de entretenimiento natural.

El equipo llevó a cabo un sistema a base de rueda de paletas Pelton (como la que usan barcos fluviales), que era capaz de cambiar sus ángulos de inclinación para hacer girar el generador.

Se instalaron en una primera etapa un generador y posteriormente otro generador, después el cableado aéreo, la soportería de postes y aisladores. La obra duró tres años en las que hubo muchas dificultades y problemas, como una crecida del río Coatán que estuvo a punto de terminar con el proyecto.

Fue en 1906 que García Mijares subió la cuchilla, hizo la conexión y la energía eléctrica llegó, primero a lo que hoy conocemos como el centro de Tapachula, y posteriormente se ampliaría a las poblaciones vecinas.

La empresa Eléctrica de Xoconusco, S.A. de C.V. prestó su servicio a toda la región durante casi cincuenta años hasta que fue vendida e incorporada a la actual Comisión Federal de Electricidad.

Después de este gran logro, Bruno García Mijares, que en aquel entonces vivía en la 2ª Norte Núm. 2, casi esquina con la Central Poniente, llevó a cabo la instalación de la Compañía Telefónica de Xoconusco, S.A. que daba servicio únicamente a Tapachula, con una central telefónica que se ubicaba a un lado de su casa en la 2ª Norte.

Asimismo, instaló el primer molino de Nixtamal movido con un motor eléctrico, también la primer gran fábrica de hielo, el cual protegía con el cascabillo que producía en su beneficio de café, todos ubicados en la 1ª Poniente No. 10, y de esa manera lo transportaba encostalado sin que se derritiera a los pueblos vecinos.

Por el año de 1906, la concesión de San Benito como Puerto, la tomó Don Bruno García Mijares, quien hizo un cambio: siendo mar abierto no había muelle, por consiguiente, pasaje y carga se manejaba a base de andariveles; uno sobre la playa y otro sobre una gigante boya que flotaba pasando la reventazón y señalaba hasta donde debía el barco detenerse para no encallar. “Con poleas sobre los andariveles se cargaba mercancía y pasaje al barco y también se descargaba igual. Don Bruno innovó colocando lanchones, dando más comodidad sobre todo al pasaje” (Elorza, 1984; García, 1963).

-     Libaneses también llegaron a Xoconusco en la segunda década del siglo XX, con una gran visión de comerciantes, un ejemplo fue Farid Athié Athié quién fundo el almacén “La Gran Vía”, donde vendía telas, cortes, vestidos y trajes traídos del viejo continente, la última moda europea, posteriormente trajo a sus hermanos José y Edward, así como su primo Benito quienes trabajaron con él.  Tiempo después su hermano José fundó “La Casa Blanca” y su primo Benito “El nuevo Líbano” (Athié José, entrevista personal, 2021).

-     También llegaron judíos a principios del siglo XX, como el turco Yakoob Elnecavé Bejar, quien nació en Estambul, fundó “La Lagunilla” que fue un próspero negocio de telas, además de administrar un rancho y tener un negocio muy productivo de leche y sus derivados (Elnecavé Max, entrevista personal, 2021).

-     Asimismo, llegaron mexicanos a Xoconusco, afirma Lewis (2010, 454-457), como los hermanos Enrique y Fernando Braun, hijos de ciudadanos norteamericanos de origen alemán, nacieron en Sonora durante el temprano Porfiriato. Cuando llegaron a Tapachula, unos veinte años después, comerciaban con pan, luego pieles y finalmente, café. Enrique se vinculó por casamiento con una familia terrateniente, mientras que Fernando alcanzó el cargo de jefe político. Como porfirista y luego como huertista, el segundo ganó notoriedad tras su salvaje exterminio de simpatizantes maderistas en Xoconusco. Utilizando una hábil combinación de capital financiero y poder político, ambos hermanos acumularon gran cantidad de propiedades durante el Porfiriato tardío y los años revolucionarios.

En los años treinta, Enrique Braun era el finquero más poderoso de Chiapas. Sus tierras cubrían la mayor parte de los municipios de Unión Juárez y Cacahoatán en Xoconusco, y sostenía a siete maestros y a cinco 
escuelas en cinco de sus fincas, donde llegó a contar con más de mil trabajadores. En los años treinta, Lázaro Cárdenas ordenó la repartición de las tierras de los Braun a los nuevos ejidatarios, iniciando la reforma agraria en el sur del país (Lewis, 2010).

Resumiendo, la política de colonización e inmigración extranjera en el siglo XIX se veía como el remedio contra los innumerables problemas del país y como la única esperanza de mantener en el futuro la integridad del territorio nacional. Por tanto, para la última década del siglo XIX, se hicieron esfuerzos reales y específicos para sentar colonos en Xoconusco. La llegada de extranjeros, el interés de las compañías deslindadoras de terrenos, las facilidades de venta y la compra de la tierra, dieron un nuevo impulso a esta región sureña del país y permitieron la implantación de un modelo económico, resultado del sueño liberal, que surtió efecto y dio paso a un polo de desarrollo en Xoconusco que hasta la fecha continúa vigente (Tovar, 2000).

Dice Antonio García de León (1985) que, a principios del siglo XX, a la hora del café en el Parque Central, se hablaban 14 idiomas; así de Cosmopolita era Tapachula, tierra de migrantes muy productivos, emprendedores e innovadores.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Epoca Contemporanea en Tapachula

  Anahii (2021) anota que, Efraín Lazos asumió la presidencia municipal para el periodo de 1939 a 1940, durante la segunda guerra mundial, p...