A pesar de
que Xoconusco estaba lejos del centro del país, dice Anahii (2021), a finales
del Porfiriato se formaron grupos liberales que apoyaban a los hermanos Flores
Magón, que ayudaron a Francisco I. Madero y su Partido Nacional
Antirreeleccionista en 1910. A pesar de ello, fue hasta 1914 que la región se
sumó al movimiento revolucionario.
En 1914 se sublevaron los liberales
contra la dictadura de Victoriano Huerta. La tiranía de éste se sintió en toda
la región, siendo asesinados y después quemados los cadáveres de Ignacio M.
Granados, Federico Coronado, Ángel Díaz, Silvano Gatica, Pablo Hernández y
Cipriano Velasco (conocidos como “los mártires de Xoconusco). Después, otro
grupo dirigió una nueva rebelión contra Victoriano Huerta y en apoyo a Venustiano
Carranza, quienes encabezaron este movimiento fueron: Mariano García, José
Agapito López, Salvador Guillén, Francisco Zertuche, Luis Chaparro y Pedro
Herrera (García de León, 1985).
Por la
insurrección anti-Huertista que agitó el estado, Tapachula fue declarada
capital provisional de Chiapas por Decreto No. 29 del 3 de enero al 28 de febrero
de 1914.
Ya que triunfó la revolución,
Carranza envió a Chiapas a Jesús Agustín Castro a gobernar el estado y cumplir
con los principios de la revolución mexicana. Castro quiso imponer por la
fuerza la revolución, intentó la reorganización del catastro y emitió la “Ley
de liberación de los mozos” con la que se intentó
eliminar el sistema de deudas que afectaba a los trabajadores. Estas medidas fueron
el resultado de los principios de la revolución, los que buscaban suprimir el
sistema de peones acasillados, y así, liberar a la fuerza de trabajo,
fundamento básico para el desarrollo del capitalismo (Anahii, 2021).
Debido a esto, los finqueros se
rebelaron siendo lidereados por Tiburcio Fernández en la Frailesca y Alberto
Pineda en San Cristóbal. En 1915 se unieron al movimiento contra Carranza los
tapachultecos, encabezados por Ángel María Pérez, siendo derrotados en Huixtla
y fusilados (Anahii, 2021).
En 1920 se fundó el Partido
Socialista Chiapaneco, con sede en Motozintla, y con partidarios en Tapachula.
En abril de 1922 se organizó el Sindicato de Obreros y Campesinos de Xoconusco,
afiliado a la Confederación Regional de Obreros Mexicanos (CROM) que provocó la
huelga de los trabajadores de fincas. Este movimiento logró que los
trabajadores redujeran la jornada de trabajo a ocho horas diarias, la creación de
escuelas en fincas y la terminación de las deudas de los peones al término de
cada año (García de León, 1985).
El descontento de los finqueros,
señala Damián (1988), con ideas tradicionales en relación con las formas de
organización de la producción, se hizo de manifiesto, organizaron una
contrarrevolución y expulsaron a los carrancistas de Chiapas en 1920.
Al ascender Álvaro Obregón al
poder permitió que el movimiento mapache, el más conservador, continuara al
mando del Estado. Por lo que, el movimiento revolucionario en Chiapas, más que
ser un movimiento del pueblo, estuvo dirigido y controlado por los
terratenientes que defendieron sus intereses. Esto fue posible, ya que los propios
campesinos formaron las tropas que lucharon contra los carrancistas; gracias a la manipulación y control del grupo mapache, el cual puso en guardia a los indígenas con el pretexto de que del centro
venían a imponerse y que los vencedores de la revolución en el centro del país
no admitirían que el estado de Chiapas tuviera su “relativa” independencia.
Esto habla del grupo en el poder
en Chiapas, las fracciones que lucharon en contra de los carrancistas estaba
representado por finqueros, terratenientes y trabajadores de Xoconusco. El
movimiento mapache, a nivel estatal, estaba lidereado por antiguos ganaderos que
estaban en contra de los nuevos capitalistas de Xoconusco, quienes invertían capital
a la región y cambiaban en cierta medida las relaciones de poder; a pesar de
ello, ambos grupos se unieron finalmente para luchar conjuntamente por la
protección de sus propiedades y las formas de explotación de la mano de obra
indígena.
Los resultados fueron: la región
continúo con la antigua forma de explotación de la fuerza de trabajo, con
rasgos de servidumbre y, también, la continuación de fuerte concentración de la
propiedad de la tierra y el mantenimiento de la estructura agraria porfirista. Es
por lo que, un pequeño grupo de familias mantuvieron el control de la tierra,
principal fuente de riqueza en la región, y gracias a esto conservó el poder
económico y político.
En economía, la segunda década del
siglo XX acontecieron dos sucesos que afectaron la producción del café: La primera
Guerra Mundial generó un proceso inflacionario debido a que los principales
países creadores de productos dedicaron su planta productiva y su economía en
general a la fabricación de elementos para la guerra, olvidando la producción
de insumos básicos para sus mercados internos, por lo que demandaron una mayor
cantidad de materias primas y alimentos; así el precio del café subió y como
consecuencia, sus volúmenes de producción. El otro suceso fue la gran competencia del mercado, debido a que
además de los países americanos productores de café, también africanos
iniciaron la producción de este
grano y la destinaron al mercado internacional, bajando el precio del café.
De la posguerra a la gran
depresión de 1929, el precio del café tuvo altibajos. A pesar de ello, los cafeticultores
de Xoconusco no se vieron afectados por la situación económica internacional,
ya que consiguieron que la producción que se consignaba a los Estados Unidos
fuera exportada por la demanda del aromático en Alemania (Damián, 1988).
Durante la segunda Guerra
Mundial, cuando se cerró el mercado alemán debido al conflicto, la producción
del aromático de Xoconusco volvió hacia Estados Unidos. En esa época, debido al
apoyo a los aliados de México, el gobierno expropió las tierras que los
residentes alemanes, japoneses e italianos (miembros del eje) tenían en el
país, afectando a los cafeticultores extranjeros en Xoconusco (Damián, 1988).
En la etapa cardenista, como
resultado de la reforma agraria, se inició el reparto de tierras para los
campesinos, el cual fue frenado por los finqueros a creando los "cinturones
protectores" alrededor de sus fincas, repartiendo tierras a algunos de
sus trabajadores más leales alrededor de sus propiedades y así protegerse. A
pesar de ello, la organización de los campesinos de esa época permitió que se
llevara a cabo el reparto de tierras en algunas zonas de la región, en donde se
crearon ejidos. Así apareció en escena una nueva forma de producción y un
agente social, el ejidatario, introduciendo una nueva dinámica a las relaciones
sociales regionales (Renard, 1993).
En el gobierno de Miguel Alemán, cambió
el proceso de reparto de tierras, ya que les devolvieron las fincas expropiadas
a sus antiguos propietarios. Por lo que no se logró transformar la organización
de la tenencia de la tierra iniciada durante el período cardenista. Continuó la
existencia de grandes latifundios, sin trastocarse la dinámica sociopolítica y
económica que se observaba en la región (Renard, 1993).
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