jueves, 2 de marzo de 2023

Revolución mexicana en Soconusco

 

A pesar de que Xoconusco estaba lejos del centro del país, dice Anahii (2021), a finales del Porfiriato se formaron grupos liberales que apoyaban a los hermanos Flores Magón, que ayudaron a Francisco I. Madero y su Partido Nacional Antirreeleccionista en 1910. A pesar de ello, fue hasta 1914 que la región se sumó al movimiento revolucionario.

En 1914 se sublevaron los liberales contra la dictadura de Victoriano Huerta. La tiranía de éste se sintió en toda la región, siendo asesinados y después quemados los cadáveres de Ignacio M. Granados, Federico Coronado, Ángel Díaz, Silvano Gatica, Pablo Hernández y Cipriano Velasco (conocidos como “los mártires de Xoconusco). Después, otro grupo dirigió una nueva rebelión contra Victoriano Huerta y en apoyo a Venustiano Carranza, quienes encabezaron este movimiento fueron: Mariano García, José Agapito López, Salvador Guillén, Francisco Zertuche, Luis Chaparro y Pedro Herrera (García de León, 1985).

Por la insurrección anti-Huertista que agitó el estado, Tapachula fue declarada capital provisional de Chiapas por Decreto No. 29 del 3 de enero al 28 de febrero de 1914.

Ya que triunfó la revolución, Carranza envió a Chiapas a Jesús Agustín Castro a gobernar el estado y cumplir con los principios de la revolución mexicana. Castro quiso imponer por la fuerza la revolución, intentó la reorganización del catastro y emitió la “Ley de liberación de los mozos” con la que se intentó eliminar el sistema de deudas que afectaba a los trabajadores. Estas medidas fueron el resultado de los principios de la revolución, los que buscaban suprimir el sistema de peones acasillados, y así, liberar a la fuerza de trabajo, fundamento básico para el desarrollo del capitalismo (Anahii, 2021).

Debido a esto, los finqueros se rebelaron siendo lidereados por Tiburcio Fernández en la Frailesca y Alberto Pineda en San Cristóbal. En 1915 se unieron al movimiento contra Carranza los tapachultecos, encabezados por Ángel María Pérez, siendo derrotados en Huixtla y fusilados (Anahii, 2021).

En 1920 se fundó el Partido Socialista Chiapaneco, con sede en Motozintla, y con partidarios en Tapachula. En abril de 1922 se organizó el Sindicato de Obreros y Campesinos de Xoconusco, afiliado a la Confederación Regional de Obreros Mexicanos (CROM) que provocó la huelga de los trabajadores de fincas. Este movimiento logró que los trabajadores redujeran la jornada de trabajo a ocho horas diarias, la creación de escuelas en fincas y la terminación de las deudas de los peones al término de cada año (García de León, 1985).

El descontento de los finqueros, señala Damián (1988), con ideas tradicionales en relación con las formas de organización de la producción, se hizo de manifiesto, organizaron una contrarrevolución y expulsaron a los carrancistas de Chiapas en 1920.

Al ascender Álvaro Obregón al poder permitió que el movimiento mapache, el más conservador, continuara al mando del Estado. Por lo que, el movimiento revolucionario en Chiapas, más que ser un movimiento del pueblo, estuvo dirigido y controlado por los terratenientes que defendieron sus intereses. Esto fue posible, ya que los propios campesinos formaron las tropas que lucharon contra los carrancistas; gracias a la manipulación y control del grupo mapache, el cual puso en guardia a los indígenas con el pretexto de que del centro venían a imponerse y que los vencedores de la revolución en el centro del país no admitirían que el estado de Chiapas tuviera su “relativa” independencia.

Esto habla del grupo en el poder en Chiapas, las fracciones que lucharon en contra de los carrancistas estaba representado por finqueros, terratenientes y trabajadores de Xoconusco. El movimiento mapache, a nivel estatal, estaba lidereado por antiguos ganaderos que estaban en contra de los nuevos capitalistas de Xoconusco, quienes invertían capital a la región y cambiaban en cierta medida las relaciones de poder; a pesar de ello, ambos grupos se unieron finalmente para luchar conjuntamente por la protección de sus propiedades y las formas de explotación de la mano de obra indígena.

Los resultados fueron: la región continúo con la antigua forma de explotación de la fuerza de trabajo, con rasgos de servidumbre y, también, la continuación de fuerte concentración de la propiedad de la tierra y el mantenimiento de la estructura agraria porfirista. Es por lo que, un pequeño grupo de familias mantuvieron el control de la tierra, principal fuente de riqueza en la región, y gracias a esto conservó el poder económico y político.

En economía, la segunda década del siglo XX acontecieron dos sucesos que afectaron la producción del café: La primera Guerra Mundial generó un proceso inflacionario debido a que los principales países creadores de productos dedicaron su planta productiva y su economía en general a la fabricación de elementos para la guerra, olvidando la producción de insumos básicos para sus mercados internos, por lo que demandaron una mayor cantidad de materias primas y alimentos; así el precio del café subió y como consecuencia, sus volúmenes de producción. El otro suceso fue la gran competencia del mercado, debido a que además de los países americanos productores de café, también africanos iniciaron la producción de este grano y la destinaron al mercado internacional, bajando el precio del café.

De la posguerra a la gran depresión de 1929, el precio del café tuvo altibajos. A pesar de ello, los cafeticultores de Xoconusco no se vieron afectados por la situación económica internacional, ya que consiguieron que la producción que se consignaba a los Estados Unidos fuera exportada por la demanda del aromático en Alemania (Damián, 1988).

Durante la segunda Guerra Mundial, cuando se cerró el mercado alemán debido al conflicto, la producción del aromático de Xoconusco volvió hacia Estados Unidos. En esa época, debido al apoyo a los aliados de México, el gobierno expropió las tierras que los residentes alemanes, japoneses e italianos (miembros del eje) tenían en el país, afectando a los cafeticultores extranjeros en Xoconusco (Damián, 1988).

En la etapa cardenista, como resultado de la reforma agraria, se inició el reparto de tierras para los campesinos, el cual fue frenado por los finqueros a creando los "cinturones protectores" alrededor de sus fincas, repartiendo tierras a algunos de sus trabajadores más leales alrededor de sus propiedades y así protegerse. A pesar de ello, la organización de los campesinos de esa época permitió que se llevara a cabo el reparto de tierras en algunas zonas de la región, en donde se crearon ejidos. Así apareció en escena una nueva forma de producción y un agente social, el ejidatario, introduciendo una nueva dinámica a las relaciones sociales regionales (Renard, 1993).

En el gobierno de Miguel Alemán, cambió el proceso de reparto de tierras, ya que les devolvieron las fincas expropiadas a sus antiguos propietarios. Por lo que no se logró transformar la organización de la tenencia de la tierra iniciada durante el período cardenista. Continuó la existencia de grandes latifundios, sin trastocarse la dinámica sociopolítica y económica que se observaba en la región (Renard, 1993).

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